
Lavando Cabelleras
LAVANDO CABEZAS Ni, mi familia sabe donde ando. Qué ando por aquí, qué ando por allá. Que voy que vengo, Que pa aya que pa aca Como siempre al cien, nunca me verán doblar. Treinta y nueve de edad, pero nadie me la cree. Buenos genes de familia, sangre fina se ha de ver. Cinco cinco de estatura, pero nunca me frené. Porque el verbo y la experiencia me llevaron donde llegué. Sé que tengo verbo, carita y talento. Y gracias a Dios también traigo pensamiento. No me aceleran, no me hacen cambiar. Porque aprendí desde morro cómo observar y negociar. Qué me buscan, qué me encuentran. Y si preguntan por mi nombre, más de uno lo comenta. Tengo el don de ponerme distintas cachuchas, sin perder mi esencia ni cambiar la ruta. Si hablas calmado, te hablo calmado. Si vienes directo, voy al resultado. Leo los gestos, la forma de mirar. Lo que dicen tus palabras y lo que callas al hablar. No me pongo nervioso, ni me gusta aparentar. Simplemente me acomodo para poder conectar. Porque cada cabeza piensa diferente. Cada trato es distinto, cada ambiente. Y el que quiere entender a la gente, primero aprende a escucharla de frente. Dicen que ando lavando cabezas, yo digo que sé escuchar. Porque cuando entiendes a la gente, la gente te deja entrar. No es magia ni ventaja, ni tampoco manipulación. Es saber leer la mesa antes de dar una opinión. Sé leer un cuarto antes de empezar a hablar. Y muchas veces ya conozco la respuesta antes de preguntar. Verbo, presencia y talento, todo lo sé usar a mi favor. No para pasar por encima de nadie, sino para abrir puertas con valor. No estoy tomando ventaja de nadie, si ganamos, ganamos los dos. Lo que pasa es que me gusta el orden, tener dirección y control. Porque cuando nadie lleva el volante, cualquier cosa puede pasar. Yo prefiero poner las reglas claras antes de empezar a caminar. La vida me enseñó distinto, me tocó aprender a golpes. Muchas veces sin ayuda, muchas veces sin soporte. Lo que para unos fue problema, para mí fue capacitación. Cada caída fue una escuela, cada fracaso una lección. Qué ando por aquí, qué ando por allá. Como siempre al cien, nunca me verán doblar. No me creo más que nadie, esa no es la situación. Pero sí veo movimientos que otros miran después que yo. Porque aprendí observando antes de salir a hablar. Y aprendí que las respuestas muchas veces vienen de escuchar. Y recuerda lo que digo, porque nunca suele fallar… el perfume más caro del mundo… viene del frasco más chiquito. VeinteUno.

