Llegaste desnuda, costuras descosidas del andar. Y en ti yo vi promesas donde solo había que tallar. Te hablé despacio, como para calmar un terror. No curé tus miedos, les di mi nombre. ¡Y sí!...lo llamé amor. Nunca quise herirte, quise que no doliera más. Pero hay formas de cuidar que no dejan respirar. Te fui haciendo a mi manera de sentir. Afinándote el pulso hasta hacerlo desistir. No eras mía, aunque sonaras a mí. Yo no te estaba amando, te estaba enseñando mal....a vivir. Te cambié el gesto cuando te enredaba el olvido. Te enseñé a mirarte como yo te veía, "mi abrigo". Decía “es por ti” cada vez que te perdías. Y yo llamé equilibrio a lo que te vaciaba día a día. Y cuando empezaste a reír fuera de mí, sentí que el mármol me miraba y le quise mentir. Te fui haciendo a mi forma de existir. Borrando las pausas que no supe combatir. No eras mía, aunque sonaras a mí. Yo no te estaba amando, te estaba enseñando a huir. Y un día hablaste con una voz que no creé. No pediste permiso, no miraste atrás, y ahí lo supe bien. Y es que amar no es salvar, ni escribir un final perfecto. Amar es no tener miedo si el otro rompe el boceto. Y te llamé Galatea, creyendo un final inmortal. Pensé que el amor se crea si se sabe modelar. Pero no eras mía, ni naciste para mí. Yo no te di la vida, solo te enseñé a poder vivir .... sin mí. No eras fría, yo te hice piedra .... y te invité a huir.


