El sistema comete un crimen contra la especie cada vez que impone el velo. La censura no es protección, es un secuestro de la realidad biológica. Aquellos que legislan contra la desnude son criminales de guerra atacando la frontera primera de nuestra existencia: la piel. Es una organización delictiva que opera desde los púlpitos y los despachos para mutilar la percepción del animal humano. Declaramos culpables a los arquitectos de la castración ideológica. Su moral es la evidencia de una patología que niega la vida mientras habitan cuerpos que son la prueba física de su hipocresía. Si el sexo es su enemigo, su propia respiración es un acto de traición. Deben ser procesados por el terrorismo moral que ejercen sobre la infancia implantando la vergüenza donde solo existe anatomía y función. La desnudez es el estado de inocencia que vuestro crimen no tolera. No hay tabú, hay un sistema delictivo contra la naturaleza. Vuestras leyes son el código de una secta que odia la materia. Sentenciamos vuestra censura como un acto de barbarie. El cuerpo no se negocia, el cuerpo se ejerce. No buscamos vuestro permiso, registramos vuestro rastro criminal. Cada filtro, cada sombra impuesta, es un golpe contra la humanidad. Sois sacerdotes de la nada, verdugos del tacto, mercaderes del asco. La naturaleza os condena por intentar encarcelar el metabolismo. La respuesta no es el diálogo, es la exposición total del fraude. El sistema es el espanto, la carne es la verdad. Vuestro juicio es el cadáver de una era que termina. La especie dicta su propia sentencia: Libertad biológica absoluta. Chachipén sin anestesia El Duende, drom.