Fue Alanís quien cruzó nuestros caminos un verano y ya han pasado tantos años. Un septiembre acercó nuestros destinos y ya nunca hemos vuelto a separarlos. Desde una isla en medio de los mares, hasta una sierra, en pleno mar de olivos, fue ella isa susurrada entre encinares y yo un fandango por su amor cautivo. Ella magma y sal, yo de tierra basta, ella Teide, palmera, alisio y drago, yo de sierra, cierzo frío y jara. Fue en septiembre, una tarde de sábado Ella magma y sal, yo de tierra basta, ella Teide, palmera, alisio y drago. Fue en septiembre, una tarde de sábado. Y ya nunca hemos vuelto a separarnos. Después quise cruzar la mar salada por regar nuestra flor todos los días, dejándome embriagar por la añoranza y la nostalgia por la tierra mía. Mas después, nuestro amor la separaba de su hermoso jardín entre folías, y con arte, poesía y sevillanas a estos campos andaluces la traía. Y así, poquito a poco hemos crecido, como todo lo que hay en esta vida, unas veces verde como regadío, otras, las menos, sufriendo cruel sequía. Ella magma y sal, yo de tierra basta, ella Teide, palmera, alisio y drago. Fue en septiembre, una tarde de sábado. Y ya nunca hemos vuelto a separarnos. Y así, poquito a poco hemos crecido, como todo lo que hay en esta vida. Fue en septiembre, una tarde de sábado. Y ya nunca hemos vuelto a separarnos. Fue en septiembre, una tarde de sábado y ya nunca hemos vuelto a separarnos.