
Buscáis la perfección porque es una estatua muerta, un rótulo congelado en la pared del dueño. Pero el ápice es el instante que no vuelve: el golpe seco que la carne no negocia. El adjetivo busca la aprobación del amo. El elogio es el refugio de la propiedad. El pensamiento no tiene centro ni corona. Se mueve en el barro como raíz ciega, gira sin pedir permiso a la doctrina, desmantela la trampa del pensamiento mágico. El ápice es el impacto del instante: el axioma que quema la carne hoy, la atención directa a la biología viva, sin convertir al cuerpo en mercancía ni en dogma. No hay jerarquía en la materia. La realidad no se posee, se atraviesa. La verdad es la guiñada del impulso, la vida que se defiende sin adorar a nadie. La materia no miente, el fantasma no respira. Sin permiso para el asedio. En este momento... La lucidez es el doctor. Revolucionario. Soberanía. Chachipén, drom. El Duende, drom.

