Una ceja levantada… Y todo cambia. Hay señales que solo entienden las almas que Dios enlaza… Un simple gesto, una ceja alzada, Y tu risa ilumina la jornada. Como si el cielo diera un guiño, Y dijera: “Hey, aún hay cariño.” Tus ojos me siguen, y yo los sigo, En ellos encuentro paz y abrigo. Jugamos con códigos que nadie ve, Pero el Espíritu… todo lo ve. Ceja y destino, juego divino, Me acerco y el tiempo se vuelve fino. Somos dos… pero sentimos uno, Como si el reloj se detuviera con tu murmullo. Me miras así, y sé quién soy, No hay máscara, no hay hoy ni voy. Solo este instante tan sencillo, Donde el gesto se vuelve el anillo. Tú eres mi amiga antes que amante, Mi compañera, mi voz constante. Y aunque el mundo no entienda este estilo, Dios diseñó así nuestro hilo. Tú y yo, sin competencia, sin tensión, Sólo caminamos en dirección. Un gesto tuyo y ya sé qué hacer, Como si mi alma volviera a nacer. ¿Quién necesita profecía cuando el amor se comunica así? Una mirada, una ceja… Y todo mi pasado cobra sentido. Dios estaba ahí… aún cuando yo no. Ceja y destino, risa del cielo, Jugueteo sagrado, pacto sincero. Sin palabras, sin papeles, sin ruido, Solo tú… y lo que Dios ha unido. Ceja y destino, historia secreta, Gesto sellado como profeta. Si me miras así… Me vuelvo a decir: “Sí.”