(Pre-intro) Ya me cansé... (Verso I) Supuse que la clemencia tenía algún valor. Que toda herida sanada volvería en forma de honor. Mas los cuervos sólo aprenden a devorar la mano que los alimentó. Y hasta aquellos que llamabas aliados terminaron mostrando el colmillo oculto. (Puente) Así que escucha bien esta melodía... (Verso II) ¿Por qué giran así los reinos? ¿Para qué sirve la bondad? Para dar refugio a quienes jamás te ofrecerán hospitalidad. Pero el cuento ha terminado, no habrá otra oportunidad. Ya no ofreceré misericordia, ni bajaré mi espada una vez más. (Estribillo) ¿Te estremeciste? Cuánto lo lamento... era ésa mi intención. ¿Sentiste un frío en el pecho? Es mi canción. No soy clérigo ni sanador, no vine a ofrecer redención. Si tu corazón tropieza y olvida su compás, entonces escucha mejor esta maldición. Cada nota roba un latido. Cada acorde apaga una llama. Y mientras el violín resuena, tu sangre duda y se reclama. Ya no queda compasión en esta canción. (Outro) Que callen los tambores. Que se apaguen los clarines. Y que tu corazón recuerde, aunque sea por un instante, cómo se siente el silencio.