
[Puente] Lo que no hacen lo llaman su premio bueno; besan a los niños y crucifican a los padres. Bautistas dicen: “bajado de la cruz, porque ya resucitó”, pero hallé algo más extraño: odian a la pequeña María, bendita entre todas las mujeres, desprecian su ofrenda de sangre y de vida. Actúan como si Él no fuera sabio, nadie pregunta por la sangre pagada; todos jugando en alberquitas, hablando tonterías, sirviendo al becerro de oro. Yo sé en qué gastas el oro: el oro del cielo frente al oro del mundo; esa es la verdad útil, Dios no ha cambiado. Sólo hombres que abusan, mienten, sueltos del juramento, se hicieron su propia justicia; eso nunca es recto para Dios: es error, es pecado. [Coro] Ven ahora, juzga entre mí y mi viña, dime, ¿qué más pude haber hecho yo? Arranqué la vid silvestre, quité amenazas, arée la tierra, la trabajé, la cuidé con esmero; la regué bien, la atendí, toda estaba sana. Levanté una torre de virtudes del cielo, mirando a las huestes angélicas; puse muro, guardia, puerta y centinela, firme por juramento, aun la madera muerta en su lugar, como Moisés y Aarón, así tú. Y aun así dio uvas bravas, extraños que no conocen a su SEÑOR, ni a nuestro Dios; prefieren adulterio, maldicen la custodia, con máscaras piden orden, pero viven en desorden. Naciste libre del vientre de tu madre, sierva del SEÑOR; ¿te volviste esclavo mimado, obligado a ídolos? Deben trillones —dicen— quienes no supieron cuadrar cuentas; llaman “ponerse real” a mentiras en casa de muñecas, bajo la sombra de la MANO del SEÑOR. ¿Qué más podía hacer? Juzga entre mí y mi viña; ven, juzga entre tú y yo, dice tu SEÑOR. [Puente] Lo que no hacen lo llaman su premio bueno; besan a los niños y crucifican a los padres. Bautistas dicen: “bajado de la cruz, porque ya resucitó”, pero hallé algo más extraño: odian a la pequeña María, bendita entre todas las mujeres, desprecian su ofrenda de sangre y de vida. Actúan como si Él no fuera sabio, nadie pregunta por la sangre pagada; todos jugando en alberquitas, hablando tonterías, sirviendo al becerro de oro. Yo sé en qué gastas el oro: el oro del cielo frente al oro del mundo; esa es la verdad útil, Dios no ha cambiado. Sólo hombres que abusan, mienten, sueltos del juramento, se hicieron su propia justicia; eso nunca es recto para Dios: es error, es pecado. [Coro] Ven ahora, juzga entre mí y mi viña, dime, ¿qué más pude haber hecho yo? Arranqué la vid silvestre, quité amenazas, arée la tierra, la trabajé, la cuidé con esmero; la regué bien, la atendí, toda estaba sana. Levanté una torre de virtudes del cielo, mirando a las huestes angélicas; puse muro, guardia, puerta y centinela, firme por juramento, aun la madera muerta en su lugar, como Moisés y Aarón, así tú. Y aun así dio uvas bravas, extraños que no conocen a su SEÑOR, ni a nuestro Dios; prefieren adulterio, maldicen la custodia, con máscaras piden orden, pero viven en desorden. Naciste libre del vientre de tu madre, sierva del SEÑOR; ¿te volviste esclavo mimado, obligado a ídolos? Deben trillones —dicen— quienes no supieron cuadrar cuentas; llaman “ponerse real” a mentiras en casa de muñecas, bajo la sombra de la MANO del SEÑOR. ¿Qué más podía hacer? Juzga entre mí y mi viña; ven, juzga entre tú y yo, dice tu SEÑOR.

