
No sé si es sueño o simple fantasía, no sé si la culpa fue tuya o mía. Dejaste a tu familia buscando un porvenir, y hoy vives tan lejos sin saber a dónde ir. A miles de kilómetros, lejos de los tuyos, sin abrazo, sin hogar, sin refugio ni orgullo. Olvidado de todos, aprendiendo a resistir, con el alma hecha pedazos y las ganas de seguir. Tu amor propio herido lo tienes que levantar, aunque la vida golpee y te quiera derrumbar. Te quedaste sin trabajo, sin fuerzas para luchar, y por miedo al fracaso ya no quieres regresar. Porque a tu familia no la quieres defraudar, aunque por dentro llores sin poderlo demostrar. Eduardo Cuña Paz

