
[Verso 1] Volví por la calle de siempre, con la tarde cayendo detrás. Los balcones tenían otros nombres, pero el mismo olor a humedad. En la plaza jugaban los chicos donde yo aprendí a pedalear, y doblé por la esquina de casa sin saber lo que iba a encontrar. [Pre-coro] Busqué el toldo a rayas, la puerta, el saludo de “¿cómo te va?”. Pero había un cartel en la ventana y un silencio difícil de explicar. [Coro] Ya no está la panadería de la esquina, ni el vapor empañando el ventanal. Ya no suena la campana cuando abría, ni me guardan una factura para el final. Pero cierro los ojos y todavía cruje el pan caliente al despertar. Aunque el tiempo cambie todo en esta vida, hay lugares que no se van. [Verso 2] La señora que atendía se ha ido, el mural se empezó a despintar. Un café ocupa ahora la esquina y hay otras historias por contar. Me senté donde estaba la puerta, con las manos vacías, nomás, y entendí que extrañar no es volver a encontrarlo todo igual. [Pre-coro] Porque el barrio también se transforma, como uno al crecer y marchar. Y aunque cambien las calles y tiendas, algo nuestro se queda por acá. [Coro] Ya no está la panadería de la esquina, ni el vapor empañando el ventanal. Ya no suena la campana cuando abría, ni me guardan una factura para el final. Pero cierro los ojos y todavía cruje el pan caliente al despertar. Aunque el tiempo cambie todo en esta vida, hay lugares que no se van. [Puente] No era solo el pan, era la espera, la moneda apretada en mi puño, la voz de mi madre desde la vereda: “Trae dos, que hoy somos algunos”. Y aunque no haya letrero ni horno, ni esa esquina me pueda abrazar, cada vez que comparto la mesa vuelvo un poco a aquel lugar. [Coro final] Ya no está la panadería de la esquina, pero vive en mi forma de recordar. En el barrio que cambia y me mira, en las ganas de volver a caminar. Y si cierro los ojos, todavía cruje el pan caliente al despertar. Aunque el tiempo cambie todo en esta vida, hay lugares que no se van. Hay lugares que no se van.

