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El Juego del Amor

[Verso 1] Algo quema en mi mente, no sé qué habrá detrás, si la sombra detrás viene a darme de frente, una duda inclemente me susurra “quizás”, y camino imprudente, porque ya no aguanto más. ¿Es lujuria en el aire, o es el polvo del poder? Ese polvo me trae lo que no quisiera ver, tengo el juicio hecho un baile, sin saber qué resolver, y este amor cuando cae no me deja retroceder. Dejé sola nuestra casa, confiado en su bondad, pero un ruido me traspasa y me roba claridad, ¿es la voz de quien se casa conmigo en la eternidad? Cada paso que doy pasa de sospecha a realidad. Mientras más voy de frente, más se escucha aquel gemir, paro en seco, estoy pendiente, no me atrevo a proseguir, quiero darle otra explicación, no me quiero confesar, pero crece la traición mientras trato de dudar. Creo que voy a descubrirla, y me cuesta respirar, quiero huir antes de oirla, pero tengo que llegar, solo pienso en contradecirla, aunque me vaya a quebrar, porque temo confirmarla más que temo equivocar. Confirmaste mi teoría, mi sospecha de barrio, debí verlo todavía desde el primer escenario, apenas fue nuestra primera cita, ya llegamos a tercera, y yo confundí destreza con pensar que eras sincera. “No hago esto con cualquiera, tú no entiendes cómo soy”, esa frase tan ligera** ya la he oído donde voy, cada boca se sincera justo antes de decir “hoy”, y mañana otra cualquiera jura exactamente “no soy”. Y aunque diga “ya no juego”, vuelvo al ruido y al ardor**, vuelvo a entrar directo al fuego, convencido de que es amor, cada herida aviva el ego, cada beso trae temor, y termino preso del juego, del maldito juego del amor. [Coro] Ella ya no me quiere, ya no queda lo de ayer, mi presencia la hiere, ya no sabe qué hacer, quise echarla de mi mente, puse todo en el portal, pero grita de repente que me quiere sin igual. Le dije: “Ve donde quieras, sigue el rumbo que elijas, haz lo que tú prefieras, rompe todas las sortijas, yo no voy tras tus huellas, ni a pedirte que me sigas, vete donde te convenga, ya no importa lo que digas.” Tengo odio en la sangre, pero debajo vive amor, tengo fuego que me arde, pero el hielo trae temor, cada vez que algo se parte, vuelvo buscando otro calor, porque sigo siendo adicto al maldito juego del amor. [Verso 3] No hace falta que lo diga, me ha dejado traicionado, quito la llave y se liga cada recuerdo al pasado, todo aquello me fatiga, cada pacto está quebrado, y lo que llamé mi vida queda afuera, cerrado. Trata mi cara cual Serato, corta, raya como DJ, cada golpe deja un dato, cada día otro replay, dicen que esto es adictivo, síntoma de compulsión, nos dejamos y convivo otra vez con la obsesión. Volvemos juntos de nuevo, y olvidé su cumpleaños, ella enciende todo el fuego, yo ya cuento nuevos daños, me cortó por la autopista, pensé “simple confusión”, hasta que pisé los frenos y no hubo reacción**. Ocho veces, misma suerte, voy a setenta y tres, cada curva huele a muerte, no sé qué viene después, veo al fin una salida, giro fuerte para escapar, pego contra un maldito árbol, pero ella vuelve a llegar. Viene a toda velocidad, con el odio en la mirada, corre hacia mí sin piedad, como si no quedara nada, la sujeto por la ventana, ella grita contra el suelo, hasta que cede el concreto y abre un hueco bajo el cielo. La entierro en aquel hueco, luego pago el asfaltado, quiero hacer que todo seco quede limpio y sepultado, pero despierto en otro estado, empapado en sudor frío, como un rayo congelado atravesando el cuerpo mío. Supongo que al fin cedí, porque duerme junto a mí, y de pronto veo ahí una pistola frente a mí, vuelvo a despertar saltando: “A la mierda, ya fue mucho”, llevo años rebotando** contra el mismo mal que escucho. Voy directo a rehabilitarme, tengo que aceptar mi adicción, porque intento separarme y regreso a la obsesión, cada chica que he tenido dice “cargas demasiado”, que dramatizo lo vivido y sigo preso del pasado. ¿Qué demonios me sucede? Solo soy un romántico, aunque el celo me excede y mi amor se hace fanático, combativo cuando puede, posesivo y problemático, digo “vete” si me hiere, luego vuelvo más dramático. Y aun así llegan en masa a las puertas de mi mansión, cada una cruza la plaza buscando nueva destrucción, vienen todas hacia Bates como si fuera devoción, Andrea Yates: no me dates, no hace falta invitación. Tú querías algo íntimo, yo quería intimidar, confundimos el amor con tener que controlar, tengo odio en la sangre, principalmente por el juego, cada recuerdo me arde, cada encuentro aviva el fuego. [Coro] Otra vuelta al mismo error, yo que juro que no caigo, vuelvo al mismo corazón, cada vez que me despojo de esta vieja obsesión, vuelve el juego y me recoge con la misma tentación. Tengo odio en la sangre, pero debajo vive amor, tengo fuego que me arde, pero el hielo trae temor, cada vez que algo se parte, vuelvo buscando otro calor, porque sigo siendo adicto al maldito juego del amor.