
Verso 1 Llegué cuando ya te habías ido, porque mi puntualidad es tan mala que hasta mis errores llegan antes que yo. El destino dejó la puerta abierta, pero yo, como siempre, decidí tomar el camino largo… ese que recomiendan los que nunca llegan a tiempo al amor. Busqué tu nombre entre las sombras como quien revisa un buzón vacío con fe de que algún día la vida responda. Pero claro, tú ya no estabas, y lo único que encontré fue una nota invisible que decía: “La próxima vez trae ganas… y un reloj que funcione”. Pre-Coro No te culpo por cansarte: yo mismo me canso de mí a veces, pero la ironía tiene buen humor… y hoy decidió burlarse con creces. Coro Porque llegué cuando ya te habías ido, cuando tu sombra ya había hecho check-out y tus promesas estaban archivadas por vencimiento. Llegué tarde a tu milagro y temprano a tu olvido, que para colmo fue lo único que sí me salió a tiempo. Verso 2 Tú querías certezas, pero yo soy especialista en dudas gourmet, esas que demoran más que un trámite en lunes y cuestan más que un beso que no fue. Traías planes, mapa y brújula, y yo aparecí con mi colección de tropiezos y mi habilidad para perder lo que importa… como quien extravía llaves en su propia casa. Me dijiste que el amor no espera, y te di la razón tan tarde que ya estabas dándole la mano a alguien puntual. Qué ironía, ¿no? Yo que tenía tanto que darte… y lo traje todo, pero después. Pre-Coro Uno aprende a golpes que el tiempo es el maestro con peor sentido del humor, porque justo cuando quise llegar… tú ya habías cerrado la versión final del guion. Coro Sí, llegué cuando ya te habías ido, cuando tu risa ya estaba ocupada y tu futuro ya tenía otro apellido. Llegué con mis disculpas recién hechas como pan que no se horneó a tiempo, y tú—que sabías de historias— cerraste el libro sin esperar mi argumento. Puente No te juzgo por seguir, yo también habría escapado de mí, si viera llegar a un tipo como yo con las ganas atrasadas y el corazón sin actualizar. Coro Final Llegué cuando ya te habías ido, pero llegué… que eso en mí ya es un logro histórico. Y aunque la vida me guiñó un ojo tarde, al menos aprendí que el amor es un tren sin horarios… y yo, un pasajero crónico.

