[Verso 1] Flotando en la sala oscura del cosmos, un punto azul colgado de un hilo de luz. No pide permiso para girar, nos lleva a bordo sin cobrar la cruz. Aquí el agua inventó los ojos, aquí la piedra aprendió a sangrar. [Verso 2] Cincuenta mil grados afuera en el vacío, pero aquí dentro hay viento y hay frío. Somos los pasajeros de un barco de cristal, rompiendo los vidrios del motor principal. Le arrancamos las venas para hacer metal, olvidando que el suelo es el mapa ancestral. [Coro] (Estallido de percusión electrónica pesada y voces superpuestas) ¡Mírala bien, es la única que baila! En millones de años luz a la redonda, no hay otra casa con sombra. No hay otra cama de arena, protege el milagro, que la noche es eterna. ¡Mírala bien, es la única que baila! [Verso 3] (El ritmo se vuelve más minimalista, casi susurrado) El árbol no crece para ser papel, el río no corre para tu sed en la piel. Es un organismo de selva y de mar, que si se cansa de vernos... nos va a sacudir. Un parpadeo en su tiempo geológico, y nuestro imperio será arqueológico. [Puente Clímax] (Subidón de sintetizadores analógicos, imitando el sonido de ballenas mezclado con frecuencias de satélites) No defendemos la naturaleza... ¡Somos la naturaleza defendiéndose a sí misma! Polvo de estrellas mezclado con barro, si se apaga este fuego, nos cubre el desgarro. ¡Despierta el tejido, repara la lona, que el viaje es largo y nadie nos clona! [Coro] (Máxima intensidad musical) ¡Mírala bien, es la única que baila! En millones de años luz a la redonda, no hay otra casa con sombra. No hay otra cama de arena, protege el milagro, que la noche es eterna. [Outro] (La música electrónica desaparece. Solo queda una voz limpia y el latido del agua del inicio) Viento en los pulmones. Raíz en los pies. Cuidar la casa... por primera vez. (El latido del corazón se desvanece lentamente en el silencio del espacio).