
Tu me diste vida me levantaste en mis caídas, me abrazaste en noches frías, y en el camino me diste salida. Cuando todo parecía perdido, Tu voz me volvió a llamar, secaste mis ojos heridos y me enseñaste a caminar. Fuiste refugio en la tormenta, fortaleza en la aflicción, cuando mi fe estaba sedienta, llenaste de paz mi corazón. Por eso hoy levanto mi canto, con gratitud y adoración, porque tu amor es tan grande y santo, que transformó mi vida, Señor.

