
¡Ay! ¡La fábula del elegido! ¡Ay! ¡El imperio del pensamiento mágico! [La Fábula del Ángel y el Demonio] Disfrazaron el mercado con alas de ángel, vendiéndote el éxito como una gracia divina y la miseria como tu propia culpa. La teología del lucro convirtió al patrón en un santo y al trabajador que sangra en la carroña que debe pagar su propia condena. Construyeron un maniqueísmo de folletín: Dios contra el diablo, el elegido contra el réprobo. En los carteles de la Guerra Fría, el capitalista era el ángel y el comunista el demonio; la farsa del bien contra el mal para ocultar que ambos servían al mismo dios: el lucro. No hay magia en la pobreza: hay un cálculo frío de acumulación. [El Bloqueo, el Asedio y el Desierto] Llaman "libertad" al asedio que ahoga al soberano, al chantaje que cercena la tierra que no se rinde a sus bancos. El imperio no tiene fuerza bélica en su espíritu, solo la astucia del primata bandido que calcula la ventaja. Imponen el aislamiento a quien busca su propio ritmo, y luego señalan la herida que ellos mismos provocaron para vender su veneno como la única medicina posible. La historia del elegido es la mentira de un puñado de carroñas que también se pudren, pero se creen dueños del suelo. [La Religión de la Imagen y la Falsa Dialéctica] El capital inventó su propia oposición, su falsa dialéctica, para dormir a la masa. Crearon la religión de la etiqueta, el mercado de las identidades, donde cada bandera es un producto y cada dolor se deposita en la cuenta del banco. Te quieren peleando por la superficie, por la estética del estómago lleno, mientras la cúpula de la pirámide permanece innombrable. El sistema no teme al que llora por su representación en la vitrina; el sistema tiembla ante el animal que recupera su soberanía, ante la horizontalidad pura que no acepta amo, ni pastor, ni uniforme. [ La Lógica de la Tierra Contra la Prisa del Lucro] El imperio devora la materia en la prisa de su lucro rápido, esclavizando la carroña para sostener la élite de barro. La verdad no se construye con el milagro de la labia; se construye con el trabajo largo, el cuidado de la tierra, el tiempo que reduce la mortalidad y mata el hambre que ellos fabricaron. No hay bien contra mal, no hay ángeles en el despacho de la deuda. La historia lo grita: en Vietnam, el senador Aiken propuso declarar victoria y huir, mientras los cuerpos quedaban en el barro. Esa es la teología del parásito: perder la guerra, ganar la mentira. Solo hay biología, materia viva y la negativa absoluta a arrodillarse ante la fábula del primata con corona. ¡Maldito el dogma del elegido! ¡Corta el cable, rompe la pirámide! Chachipén, drom. El Duende, drom.

