Si has de seguirme, sabe que mi suerte es la del hombre apenas bosquejado al sur de las campanas, que ha callado la propia soledad, la propia muerte. No suena ya por mí el bronce fuerte ni el débil corazón carambanado; soy un solo sin voz, el olvidado de las auroras, el del verso inerte. Alguna vez nombré a las ciudades, como quien dice lluvia mientras llueve, con un nombre cifrado en la desgracia. Si has de seguirme en estas soledades acállame en tu boca mientras mueve mi nombre el viento en ramas de la acacia.