El camino que nos lleva a la cima, no es fácil de transitar hay subidas y bajadas, Curvas y contracurvas, pocos asfaltos, mucha tierra, piedras y animales que se cruzan. Desde abajo, se ve lejos, distante, inalcanzable, sé que muchos han llegado, con esfuerzo, sufrimiento, con badenes inesperados y escollos que lograron superar. Hacía ya vamos, y en la primer parada, en un refugio alguien afirmó solo llegan los mejores autos. Le pregunté llegarán los mejores autos o los mejores conductores? Creo que es un combinado entre un buen auto y un buen conductor. El hombre continuó viaje en su nave. El auto … controlado, revisado, motor a punto, combustible, cubiertas, aceite, luces, frenos. El conductor … lúcido, bien descansado, bien alimentado, pero sobre todo seguro y convencido de su destino. Seguí pensando y no dudé en que a la cima llegan los constantes, los que no corren para llegar primeros, los que promedian, los que ven pasar a alta velocidad a otros autos, luego, al rato, los vuelve a ver pidiendo auxilio detenidos en la banquina. Muchas cimas son alcanzadas con proyectos, con puesta a punto del auto y el conductor, pero cuanto valen los sueños e ilusiones de cada uno. El que tiene el sueño de arribar a la meta, cuenta con una energía especial. El sueño, la ilusión no se pierden. Es la gran fortaleza que va de la mano con todo el resto planificado. Esa meta de llegar a la cima, tras un largo camino, son aquellas cosas con que la vida nos desafía a diario y tantas veces nos da lugar a prepararnos y otras no hay preaviso y hay que largarse a la ruta. Ahí es donde el soñador, aquel que vive con ilusión tiene esa ventaja por sobre los demás, sus ideales lo conducen y son los que llegan. Tenemos nuestra próxima meta, nos hemos capacitado, elegimos a un copiloto afín a nosotros, el auto preparado, la hoja de ruta a mano, pero además de todo, la ilusión y los sueños son el gran combustible que nos llevará a esa meta que nos brindó la vida. Alguien a sabiendas, dijo: “La vida es sueño”


