
🇪🇸| Epílogo de un soneto
Alguna vez canté con su voz y en su pecho arrebatando versos a su triste mirar; robé dos breves perlas que iban siempre al acecho de los misterios ciegos y vetustos del mar. Y destilé en sus labios la miel de alborada, inciertamente atado por la ardiente pasión; pedí clemencia al viento, sobre el viento en la nada, y pude libre ver de nuevo al corazón. Alguna vez soñé que fui en sus sueños hecho, de la ilusión alada, como un simple rumor; y mis versos nacieron en un triste barbecho, como un jardín de cantos, sementera de amor. Y un deseo sin penas, en la noche estrellada, de lujurias y besos, alguna vez pedí; se abrieron los arcanos y, fugazmente alada, cruzó la estrella sola sobre un alma rubí. Y la estrella sin vida, apagada en los cielos, no me dio aquella vez una contestación; esperé y esperé, disfrazado de anhelos exprimiendo los verbos en alguna canción. Y en el fulgor amargo de un recuerdo que nombra los caminos de sal que una vez recorrí, perdido en las tinieblas, trocado en una sombra, en su signo de amor, una vez más me hundí. Y en los confines leves del arrabal del viento, perdido en los secretos que esconde el corazón, de nuevo, fatigado, triste y sin aliento, cantaré dulcemente una amarga canción.

