
De tarde en tarde pido una gota de néctar en los labios, un cuento japonés un aventura perversa -un guiño entre los dos- amagada en un sobre amarillo. Es la prueba del nueve de algún ángel caído. De tarde en tarde se me escapa entre risas un "te quiedo" -con D-, una disculpa tonta por estar escondido, separado del mundo y de tus brazos. No pido más ni menos -ya ves- Es la prueba del nueve de algún ángel caído.

