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El oficio de zahorí

Una ciudad de papel inventaste en medio del desierto. Como una tormenta fugaz descargó su relámpago la ausencia, su nimbo luctuoso, su torrente amargo de palabra almíbar, su disfraz de nostalgia... Se esponjaron los rascacielos, un lodazal de tinta y llanto mudó a escombros verbos, adjetivos... Todo fue espejismo, tamo evaporado, viento arrogante: toda mirada fue manantial salado, cada halago un ciego panegírico... Tanto tiempo hace que cesó la lluvia, tan lejanos y escasos los aljibes… Y el frescor de la sombra que no siempre asiste en la noche. Encuentra tu pozo. Perfora. Estriba con palabra firme, que emane clara… Despacio bebe y esparce generoso. Y no levantes más ciudades vanas, que el oficio de zahorí brota en ti al desplomarse los muros de la vida. Es precisa sutura en la grieta que desangra tu talento, y esperar porque aún hay noches en el páramo de humedad y luna llena. Es preciso el regreso a su vereda sin pública pisada ni derrota: Los coyotes ofrecen su cianuro en los abrevaderos. Tanto tiempo hace que cesó la lluvia, tan lejanos y escasos los aljibes… Y el frescor de la sombra que no siempre asiste en la noche. Encuentra tu pozo. Perfora. Estriba con palabra firme, que emane clara… Despacio bebe y esparce generoso. Y no levantes más ciudades vanas, que el oficio de zahorí brota en ti al desplomarse los muros de la vida. Despacio bebe y esparce generoso. Y no levantes más ciudades vanas, que el oficio de zahorí brota en ti al desplomarse los muros de la vida. Que el oficio de zahorí brota en ti al desplomarse los muros de la vida.