
Solo Tengo encogido el corazón, un nudo en la garganta, y me siento lleno de emoción. Me duele tener que marchar, y aunque tú no lo sepas, cuando estoy solo tu recuerdo me hace llorar. He pasado noches en vela sin tener con quién hablar, sin nadie a quien decirle cuánto te quiero de verdad. Y aunque la distancia duela y me haga sufrir, sé que nunca en esta vida te dejaré de querer a ti. Tu imagen me ha acompañado cada vez que tuve que marchar; a solas con ella he hablado preguntándole por mi felicidad. El tiempo pasa lentamente cuando no te puedo abrazar; quisiera detener las horas para contigo poderme quedar. Pero después llega el silencio, y otra vez toca partir, volver de nuevo a la soledad y en silencio volver a sufrir. Pasaré otra noche en vela, sin ganas siquiera de hablar; pensando que estás a mi lado aunque no te pueda tocar. Y mientras la noche avanza y la lluvia golpea el cristal, cierro los ojos despacio para imaginarte una vez más. En cada estación vacía parece escucharse tu voz, como un eco que permanece muy dentro del corazón. A veces hablo con tu recuerdo como quien reza en soledad, buscando entre mis pensamientos un poco de tranquilidad. Y hay noches en las que espero una llamada que no llega jamás, mientras el reloj lentamente parece no querer avanzar. Porque hay amores profundos que no saben desaparecer; aunque exista la distancia, siguen vivos en la piel. Y aunque el destino nos aleje y nos obligue a esperar, mi corazón seguirá contigo sin dejarte nunca de amar. Porque el verdadero amor no entiende de tiempo ni distancia; vive escondido en el alma y nunca pierde la esperanza. Y aunque mis ojos se cansen de tanto mirar hacia atrás, seguiré guardando tu nombre en el lugar donde nadie más llegará. Porque hay personas que, aun estando lejos, siguen viviendo para siempre dentro de nuestro pecho. — Eduardo Cuña Paz —

