Me miro en el vidrio gastado, no queda nada de aquel que fui. Los ojos vacíos, cansados, sostienen verdades, que nunca elegí. Y me pesa el silencio, de todo lo que no hice, las palabras que callé, las veces que huí. El reflejo me acusa sin voz, sin matices, de un pasado que arde y no deja dormir. Cambié promesas por miedos, dejé que el orgullo me empuje a caer. Perdí los caminos sinceros, por no preguntar, por no comprender. Y me pesa el silencio, de todo lo que no hice, las palabras que callé, las veces que huí. El reflejo me acusa sin voz, sin matices, de un pasado que arde y no deja dormir. No busco perdón, ya es muy tarde, sólo entender por qué me olvidé. De quién era, de a quién amaba, y por qué dejé de creer. Y me pesa el silencio, de todo lo que no hice, las palabras que callé, las veces que huí. El reflejo me acusa sin voz, sin matices, y yo sólo observo… el que fui, el que perdí.