Mi calle sigue allí colgada de la sierra vigilada por balcones vacíos de macetas y zaguanes ocultos del céfiro otoñal que apenas agita la inquieta veleta. Mi calle sigue allí y me espera, deshabitada, con su amigo el silencio que ha regresado, pasos mudos son el caminar del granito, yermo como un tapiz de juegos olvidado, un umbral sin párvulas palabras de amor y puertas cerradas como nichos vacíos. La vejez pasea su costumbre por las veredas, arrastrando luto y melancólicas ausencias. Solo a la sabiduría de su rostro surcado, Solo a la sabiduría de su rostro surcado, de sus canas, la libertad revela su secreto. Mi calle sigue allí y espera despierta como mi madre tras la persiana esperaba llena de incertidumbre ante la juventud de la noche; solo este amanecer en las palabras la hubiese librado de su angustia. Hoy mi calle espera sin ojos que me velen, sin miradas que teman por mi futuro, sin oídos que me atiendan, sin abrazos que me añoren, y mis palabras que anhelan el perdón construyen puentes en versos inútiles llenos de vanas esperanzas en el regreso. Mi calle sigue allí y espera el retorno de los ecos de la infancia a sus puertas, a sus zaguanes; como el nido de cigüeñas espera junto al bronce del campanario. Los ecos de la infancia como las cigüeñas volaron con el primer ardor de juventud hasta el estío ruidoso y gris de la ciudad, de su caos de engranajes verticales; donde el reloj del asfalto impone su rutina, donde apenas queda espacio para el amor. La vejez pasea su costumbre por las veredas, arrastrando luto y melancólicas ausencias. Solo a la sabiduría de su rostro surcado, de sus canas, la libertad revela su secreto. Mi calle sigue allí y espera despierta como mi madre tras la persiana esperaba llena de incertidumbre ante la juventud de la noche; solo este amanecer en las palabras la hubiese librado de su angustia. Hoy mi calle espera sin ojos que me velen, sin miradas que teman por mi futuro, sin oídos que me atiendan, sin abrazos que me añoren, y mis palabras que anhelan el perdón construyen puentes en versos inútiles llenos de vanas esperanzas en el regreso. Y mis palabras que anhelan el perdón construyen puentes en versos inútiles llenos de vanas esperanzas en el regreso, llenos de vanas esperanzas en el regreso.