El estadio no es un templo. Es un laboratorio de obediencia. La bandera no es un símbolo. Es un trapo que tapa el hambre. No hay nación. Hay territorio ocupado. Nuestra selección no suda para el patrocinador. Nuestra selección no canta himnos de reyes ni de muertos. La verdadera selección es el pulso que no se vende. Es la célula que opera en el anonimato. El Dogma del Lucro quiere un gol para anestesiar el ruido. Nosotros queremos el silencio de la maquinaria apagada. La tierra no tiene dueño. No tiene país. No tiene bandera. Solo tiene cuerpos que la habitan y la piensan sin permiso. Equipo raíz. Sin país. Sin bandera. Equipo raíz. La especie en su frecuencia. Equipo raíz. El estadio es el campo de batalla. Equipo raíz. La meta es la desintegración del simulacro. El Dogma ladra desde la tribuna. Que siga ladrando. Mientras la pelota rueda, nosotros desmantelamos la caldera. Cada individuo es un comando. Cada pensamiento es una victoria. No hay trofeo que valga la pena. No hay himno que no sea veneno. Equipo raíz. Sin país. Sin bandera. Equipo raíz. La especie en su frecuencia. Equipo raíz. El estadio es el campo de batalla. Equipo raíz. La meta es la desintegración del simulacro. No hay gol que justifique la esclavitud. No hay copa que compense la servidumbre. El que canta el himno del amo ya está muerto. El que aplaude el gol del mercado ya firmó su propia derrota. Equipo raíz. Sin país. Sin bandera. Equipo raíz. La especie en su frecuencia. Equipo raíz. El estadio es el campo de batalla. Equipo raíz. La meta es la desintegración del simulacro. Somos la selección de lo orgánico. La resistencia que no necesita estadio porque es el estadio. Sin himno. Sin bandera. Solo la especie, finalmente, en su propia frecuencia. El estadio no es nuestro. La tierra sí. Chachipén, drom. El Duende, drom.


