
El latido de la tierra se siente, en el corazón de la jíbara fiel, viviendo en sintonía con el sol, bajo la luna, su amor es un laurel. Canta al ritmo de su cultura, es el latido de la tradición, con cada cosecha se renueva, su voz narra historias de pasión. Oh, jíbara, en cada paso, lleva el latido de sus ancestros, en las fiestas, uniendo corazones, celebrando la vida, siempre en su centro. La mirada de la jíbara brilla, refleja el latido de su historia, guardando en su pecho las raíces, un eco de resistencia y de gloria. En cada tejido, su historia cuenta, latidos que fluyen de su ser, la vida rural, en su esencia, la jíbara vive para renacer. Oh, jíbara, en cada paso, lleva el latido de sus ancestros, en las fiestas, uniendo corazones, celebrando la vida, siempre en su centro. El latido de su danza es un pulso, que resuena en cada rincón, siente la tierra que la nutre, latidos de amor en cada canción. Oh, jíbara, en cada paso, lleva el latido de sus ancestros, en las fiestas, uniendo corazones, celebrando la vida, siempre en su centro. El latido de la jíbara vive, en cada rincón de esta isla querida, un canto de esperanza y de amor, latidos de vida, en nuestra herencia.

