Hay una hermana que la vida me ha dado, de inteligencia clara y fino oído, que conoce el secreto y el cuidado del pentagrama en que se ha convertido. Su voz es un prodigio que ha escalado las cúpulas de ópera y sonido, y en sus dedos el piano ha revelado el alma de un concierto dormido. Su mente es un viaje, un mapa abierto, de cultura y de historia hace su equipaje; y guarda, entre adagios de algún puerto, el eco de un rock and roll salvaje. Pues antes que la Reina de la Noche, en su juventud, fresca y sagaz, cantó con Elvis en algún derroche y con los Beatles soñó desde atrás. Aunque el cuerpo a veces sea frágil, un templo que pide compasión, su espíritu es un fuego que no apagan ni el tiempo, ni el cansancio, ni el rencor. Porque su mente es un cantar eterno, y su corazón, de puro tino, sabe que la música es el gobierno que rige el más perfecto destino. Que siga, pues, la dueña de este encanto, con su bagaje de saber y arte, escribiendo con su vida su propio canto ¡y viajando con el compás que parte!