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NADIE SABE NADA (Ragga Dub Barrio Mix)

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V5.5

[INTRO — HABLADO] Granada. Tres de la mañana. El coche está apagado. Mi cabeza no. Esta va por mí. [ESTRIBILLO] Nadie sabe nada de mí, ven el humo, ven el coche, ven la pasta salir. Ven que río, que acelero, que me cuesta admitir que si preguntan «¿tú estás bien?», siempre contesto que sí. Nadie sabe nada de mí, tanto mundo, tanta noche, tantas formas de huir. Me gasté media vida procurando no sentir y al cerrar todas las puertas yo seguía dentro de mí. [VERSO 1] Pocos me conocen; muchos conocen al personaje, el que convierte una herida en un chiste y tira pa’lante. El que llega haciendo ruido, paga copas, rompe el aire, pero nunca deja a nadie ver la trastienda del desastre. He visto mundo, aeropuertos, madrugadas sin horario, pero hay viajes que no salen señalados en el mapa. Fui refugio para todos, pa’ lo mío fui precario; daba luz en otras casas con la mía hipotecada. El dinero fue un idioma que aprendí para callarme: si algo dentro estaba roto, otra compra pa’ taparle. Caprichitos, ropa, noches, reservado, lo de siempre; me gastaba mi mañana pa’ sentirme rey del presente. Me preguntaban «¿qué tal?»; yo respondía «de lujo», con la sonrisa planchada y por dentro hecho un dibujo que ni yo mismo entendía. Duro, sí, pero no inmune: me hice experto pareciendo lo contrario a lo que tuve. [ESTRIBILLO — REPETIR] [VERSO 2] Los porros bajaban ruido, la coca subía el ego, la keta torcía el tiempo; yo jugaba con el fuego. No buscaba solo fiesta ni sentirme superior: unas veces era euforia, otras no escuchar mi voz. Cada droga traía un trato redactado en letra chica: me prestaba otro personaje y luego el doble me exigía. Yo decía «esto lo llevo», con orgullo y chulería; lo llevaba como un muerto lleva flores todavía. Luego brotes: realidad con los cables arrancados, cada gesto era una clave, cada extraño, un enviado. Las matrículas hablaban, los silencios acusaban, el azar firmaba mensajes que mi nombre encabezaba. Fui profeta, fui objetivo, fui testigo y fui la ley, todos parecían ciegos porque yo juraba ver. Lo más cruel del delirio es que no viene disfrazado: usa mi voz, piensa con mi mente y duerme aquí a mi lado. Yo volvía de esos viajes sin contar dónde había estado, con un «todo bien» perfecto y el cerebro hecho pedazos. Nadie vio aquellas mañanas reconstruyendo la rutina, recogiendo mis ideas como cristales en la cocina. Yo sufría mientras río, y esa es parte del problema: nadie puede leer mi sangre si yo la escribo como broma. [VERSO 3] Iba a doscientos por dentro, aunque el coche estuviera quieto, negro mate por la calle, luces rojas en el pecho. No corría por llegar ni por ganar aquella apuesta: corría porque el silencio siempre conocía mi puerta. El asfalto era vinilo, las ruedas eran agujas; yo pinchaba el horizonte pa’ quedarme sin preguntas. Luego techno, bajo el neón, bombos duros, humo denso; a ciento cuarenta golpes el desorden tuvo un tempo. Por un rato mi cabeza dejó de ser un laberinto: cada golpe colocaba lo que yo llevaba indistinto. Pero cuando el club cerraba y amanecía Granada, ni la droga ni el dinero respondían mis llamadas. Solo estaba mi conciencia, sin sermones ni uniforme, la única que me conoce cuando nadie más responde. [PUENTE — SIN BATERÍA] Mi conciencia no es un cura. No viene a perdonarme. Es el último testigo que no pude comprar, colocar ni dejar atrás. [VERSO FINAL] Hoy me hablo sin postureo, sin aplauso y sin coartada: no soy santo, no soy mártir, no soy solo mis cagadas. Soy el hombre que hizo ruido porque el miedo hablaba bajo, el que a veces tocó el cielo pa’ no mirar hacia abajo. Mi alma pura no está limpia: tiene barro, tiene heridas; pero aún duele cuando daño, todavía sigue viva. La dureza no es de piedra ni fingir que nada importa: es mirarme entre las ruinas sin inventarme otra historia. Pedí que me conocieran dando siempre un personaje; nadie encuentra al pasajero si yo cierro el garaje. Yo quería que me sintieran, hoy sé por dónde empezar: no puedo pedir que entren si no dejo de escapar. [ESTRIBILLO FINAL] Nadie sabe nada de mí, ven el humo, ven el coche, ven la pasta salir. Pero no ven las mañanas que me cuesta reconstruir ni al cabrón frente al espejo preguntándose quién fui. Nadie sabe nada de mí, pero esta noche me he hablado sin dejarme mentir. Tanto mundo, tanta droga, tanta forma de huir… y después de irme tan lejos sigo viviendo dentro de mí. [OUTRO] El coche está apagado. Mi cabeza, por fin, baja de vueltas. Granada amanece. Y yo sigo aquí.