​ Nacida entre naranjos y sudor... Blanca como el alma de un labrador. No es solo un trago, es nuestra historia, un fuego seco que busca la gloria. ​ De la Ribera a la Safor, no hay otra igual, es el orgullo de nuestra tierra, algo ancestral. Hija del anís, herencia de los abuelos, un sorbo de este fuego nos sube a los cielos. La llaman la "Cazalla", la reina del lugar, donde un valenciano siempre tiene su altar. No busques fuera lo que aquí se inventó, que en esta zona el espíritu se forjó. ​ Nos llaman "rechinantes" con honor y con fe, el que no la conoce, no sabe lo que es. Un vaso frío, la mirada al frente, somos la casta de la gente valiente. ​ ¡Ay, Cazalla sagrada, tesoro de Valencia! Tú eres nuestra sangre, tú eres nuestra esencia. Con el "rechinante" brindamos al sol, llevamos tu fuego en el corazón. No es un mareo, es un baile de honor, beberte es sentir nuestra tierra y su calor. ¡Cazalla eterna, orgullo y verdad! ¡La joya del pueblo, nuestra identidad! ​ El horizonte se inclina con nobleza, la Cazalla se lleva siempre en la cabeza. Poesía blanca que baja por la garganta, mientras el espíritu de Valencia levanta. Que el mundo lo sepa, que el mundo lo escuche, que no hay otro licor que tanto nos luche. Un doble liseano, un brindis de acero, bajo este cielo somos lo primero. ​ Cazalla... Desde Valencia para el mundo entero. Honra tu copa, respeta el fuego. Un brindis más... por lo que somos. ​ De nuestra tierra... con honor. Cazalla de siempre. Valencia en el alma.