
En el canto de la jíbara, su alma florece, Siempre dice que el amor la fortalece. Con un alma libre, en la brisa va, Conexión a la tierra, su esencia está. Las canciones tocan el alma sincera, A través de su arte, su luz nos libera. En cada baile, el ritmo se siente, El alma de la jíbara, un eco presente. Su risa ilumina, alegría en el aire, Un abrazo cálido, un bálsamo a la vida. En las historias, el eco ancestral, La alegría de la jíbara, fuerza comunitaria. Sanando heridas, su voz es canción, La música alimenta el alma en unión. Busca lo que nutre, con bondad en su andar, Cada planta que toca tiene un alma que dar. En su mirada, la sabiduría brilla, Reflejo de su tierra, su esencia destila. Con el alma abierta, recibe el nuevo sol, Cada historia que cuenta es un regalo de amor. Así vive la jíbara, con paz y verdad, Recordándonos siempre que el alma necesita amar. En cada rincón, su espíritu vibrará, El alma de la jíbara, nunca se apagará.

