[verse I] En Azkatla vi una dama bajo el farol carmesí, y hasta el ladrón más prudente tropezó por verla así. Cabellera negra y lisa, digna de reina o visir, y unos ojos verde vidrio donde un hombre va a morir. [Chorus I] ¡Ay, damisela Yasmín! no me miréis al pasar, que esos ojos verdes vuestros hacen santos blasfemar. ¡Ay, damisela Yasmín! tenedme compasión, que ya he perdido mi pierna y también el corazón. [Verse II] Un mercader de Amn juraba no dejarse seducir, mas os vio junto a la fuente y olvidó cómo repartir. Dio diez monedas de oro por un nabo y un limón, y aún decía sonriendo: “¡Gran negocio, por Torm!” [chorus 2] ¡Ay, damisela Yasmín! no me volváis a mirar, que esos ojos verde vidrio hacen barcos naufragar. ¡Ay, damisela Yasmín! vos sois dulce perdición, pues quien te mira a los ojos navega sin timón. [verse 3] Un mago rojo de Zhay la quiso un día impresionar, invocó llamas azules… y ardió su tra lará!. Mientras vos, tan elegante, con apenas parpadear, dejabais medio mercado suspirando al vos pasar. [Chorus I] ¡Ay, damisela Yasmín! no me miréis al caminar, que esos ojos verdes vuestros hacen santos blasfemar. ¡Ay, damisela Yasmín! tenedme compasión, que ya he perdido una pierna y también el corazón. [verse 4] En la taberna del puerto quise un verso componer, mas pensé tanto en vuestros ojos que olvidé cómo beber. Y creedme, noble dama, eso sí es calamidad, pues en toda Azkatla saben de mi heroica ebriedad. [Chorus 2] ¡Ay, damisela Yasmín! no me volváis a mirar, que esos ojos verde vidrio hacen barcos naufragar. ¡Ay, damisela Yasmín! vos sois dulce perdición, pues quien te mira a los ojos navega sin timón. Y así acaba esta balada que en Azkatla oí cantar: ¡Ay, damisela Yasmín! dragones y hechiceros miedo pueden inspirar, pero nada es tan peligroso como tu precioso mirar!