Hermelinda Hoy pienso en ti, hermana, Hermelinda alba, hermana mayor, de palabras sabias. Tu amor por los libros, la música grata, de Chopin en el piano, melodía que mata la sombra y el ruido con su dulce sonata. Hace ya muchos años, con afán estudioso, forjaste tu espíritu, sereno y gozoso. Profesora de idiomas, de español y francés, semillas de cultura diste a quien una vez cruzó por tu aula, buscando brillantez. Herencia de abuelos, la casa querida, en el pueblo que acuna tu amada vida. Entre esas paredes, risas y encanto, creció tu familia, tu más grande encanto. Cinco hijos que al mundo le diste en un canto. Honras la memoria de la Francia añorada, su idioma, su ritmo, su dulce posada. Y aunque ignoro el avión que surcó la neblina, en tu alma resuena la Marsellesa fina, como un eco lejano que tu ser ilumina. Hay un sitio especial que en mi pecho guardaste, desde que eras joven y a mí me cuidaste. Tu influjo temprano, tu fino criterio, amor por el arte, tu ejemplo sincero, son luz en mi historia, mi eterno venero. Hermelinda, raíz, savia y fruto cumplido, en el piano, un nocturno, el mundo ha dormido. Y en la paz de tu casa, tu legado perdura, música y poesía, sublime hermosura.