
Estoy perdiendo el miedo a quererte tanto, estoy perdiendo la razón por amarte tanto. Y el tiempo que pierdo en el miedo que tengo de perderte tanto, no me alienta el viento, sino el silencio. Y tengo miedo, miedo de perder la lucidez, de olvidar tu nombre entre las sombras del recuerdo. Porque el miedo que tengo no es a la noche, ni al paso de los años, ni siquiera a la muerte. Es el miedo de despertar un día y no encontrarte en mis ojos, de buscar tu voz en el aire y escuchar solamente el susurro. Y, sin embargo, te quiero. Te quiero con el miedo de los hombres que saben que todo es pasajero, y con la esperanza de los locos que creen que el amor puede detener al tiempo.

